04/02/2011

Me ha costado mucho terminar de escribir lo que ocurrió este último día, puesto que realmente me dio mucha pena que terminara este primer período. La experiencia ha sido, por el momento, francamente positiva. He estado muy cómoda y agusto con Idoia, y creo que he aprendido mucho sobre la realidad de un centro educativo. Han sido varias las ocasiones en las que, desgraciadamente, la realidad y lo estudiado o visto en los módulos del máster no coincidía en absoluto... El enfoque competencial, el trabajo colaborativo, la enseñanza óptima de las lenguas, etc. se complican enormemente a la hora de implementarlas para y con veintisiete chavales en plena adolescencia. Las teorías no siempre funcionan, por ello creo que he comprendido la importancia de la experiencia, del carisma, de la planificación y de la empatía que debe demostrar cualquier buen profesor.

 Volviendo a la rutina diaria, este viernes ha sido especial no sólo por ser el último, el de despedida (transitoria) o el de resumen de lo visto y aprendido; sino que también he tenido la oportunidad de "dar clase", o al menos parte de ella. Idioa me lo había propuesto en varias ocasiones, pero tanto por mi miedo como por no imcumplir lo acordado con el máster, habíamos aparcado la idea. Sin embargo, y para no volver en el segundo período de prácticas aún tan verde, me animé a dar parte de una clase en Bachillerato. Idoia me recomendó intentarlo en una de las clases consideradas como "buena" (alumnos con buen nivel de inglés y, en general, atención y buen comportamiento), por lo que optamos por 1º Bach. C, correspondiente al primer curso de la modalidad biosanitaria.
Una vez que Idoia hubo corregido los deberes y entregado y comentado unos exámenes corregidos, me cedió su puesto para organizar una parte de la unidad didáctica que estaban viendo en esos momentos. Lo cierto es que fue sencillo, sólo tenía que explicar y trabajar con el vocabulario específico de la unidad (recuerdo que soy de especialidad Lengua Inglesa), pero se trataba más de superar la barrera del pánico escénico que de los contenidos. Llevo años ejerciendo como profesora de inglés, aunque siempre con grupos mucho más reducidos, de mayor edad y, en general, con mayor motivación (empresas, preparación de exámenes oficiales,...); y el cambio ha sido grande e importante.
Un grupo tan grande, con las hormonas tan disparadas, impone. No obstante, quizás por ser un "grupo bueno", la respuesta por su parte fue inmejorable. Se sintieron motivados por tener alguien nuevo enfrente de sus pupitres, estaban atentos y participaban de y con mis explicaciones y propuestas. Al final de la clase, todo fueron halagos y lo cierto es que me fui a casa contenta, tranquila y con una actitud mucho más positiva. Creo que la clase fue bien, que los chicos y chicas aprendieron y que yo no salí corriendo con un ataque de pánico encima. Había dado el primer paso, y no había salido mal .
Esa hora era además la última lectiva de aquel viernes, por lo que sirvió para poner el broche final a esos días de Practicum. Me despedí de Idoia y del resto del equipo docente al que pude ver, con pena pero con muchas ganas y ánimos de volver. La tutora me facilitó todos los medios posibles para poder estar en contacto, así como los materiales que podría necesitar para preparar la unidad didáctica durante el próximo período, ¡que cada vez está más cerca!
Así que ahora sólo queda preparar todo para poder repetir, esta vez por más tiempo, la experiencia tan grata que viví ese último día, 4 de febrero.

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