Hoy martes he asistido al centro a las 8:30 para seguir diseñando la unidad didáctica que estoy impartiendo, especialmente la sesión en la que mi tutor de Deusto, Larry, vendrá a observarme. Aunque Idoia tiene clases prácticamente toda la mañana, hay exámenes en muchas de ellas, por lo que hemos podido hablarlo y, utilizando los equipos informáticos de las aulas, seguir trabajando en ello. Ella me ha dado muy buenas ideas y recomendaciones, también para ese momento tan crítico y que tan nerviosa me tiene. Después del recreo, he ido a una sala de profesores, la de Bachillerato, a continuar trabajando en el resto de documentos del Practicum.
No he observado nada destacable hoy, aunque sí me han llamado la atención las propuestas que estaban comentando en la sala de profesores. Roberto Ortega, coordinador de las prácticas en el centro, y también profesor en el máster en Deusto, estaba proponiendo grabar un lip-dub como recuerdo para los alumnos de 2º de Bachiller, que abandonarán el centro en junio. Practicamente todo el mundo ha mostrado un gran entusiasmo con la idea, que personalmente, me parece preciosa y muy original.
Lo cierto es que me ha hecho reflexionar sobre un aspecto en el que se ha hecho especial incapié a lo largo d etodo el máster: la necesidad de motivación, entusiasmo y entrega en esta profesión. Y es que Roberto es, hoy más que nunca, y a pesar del descontento reinante entre la comunidad docente, un ejemplo a seguir. Se vuelca con sus alumnos, así como con cualquier idea o proyecto innovador que pueda beneficiar al centro de alguna manera, se comporta de la manera más profesional posible y, además de todo, ¡disfruta con su trabajo!
Es francamente difícil encontrar a personas con tantas ganas en los colegios e institutos; mi mayor deseo es, sin duda, que si bien escasean este tipo de profesores, ejemplos como el de Roberto no sean únicos.
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